Salud y Bienestar

La educación, el trabajo y la vida social ayudan a proteger el cerebro del deterioro cognitivo

Los investigadores han analizado los factores genéticos y vitales que pueden ayudar a crear una «reserva cognitiva» que proporciona un amortiguador contra la enfermedad de Alzheimer en un estudio publicado en la edición online de ‘Neurology‘, la revista médica de la Academia Americana de Neurología.

El equipo quería saber por qué algunas personas con placas amiloides en sus cerebros asociadas a la enfermedad de Alzheimer no muestran signos de la enfermedad, mientras que otras con la misma cantidad de placas tienen claros problemas de memoria y pensamiento y descubrieron que factores como la participación en clubes, grupos religiosos, deportes o actividades artísticas, junto con el nivel educativo a los 26 años, la ocupación y la capacidad de lectura, pueden afectar a la reserva cognitiva del cerebro.

El estudio sugiere que seguir aprendiendo a lo largo de la vida puede ayudar a proteger el cerebro, lo cual es cierto incluso para las personas que obtienen peores resultados en las pruebas cognitivas de la infancia. Estudios anteriores han demostrado que las personas con puntuaciones bajas en la infancia tienen más probabilidades de sufrir un deterioro cognitivo más acusado en la vejez que las personas con puntuaciones altas.

«Estos resultados son emocionantes porque indican que la capacidad cognitiva está sujeta a factores a lo largo de nuestra vida y que participar en un estilo de vida intelectual, social y físicamente activo puede ayudar a evitar el deterioro cognitivo y la demencia«, afirma la autora del estudio, Dorina Cadar, doctora de la Facultad de Medicina de Brighton y Sussex (Reino Unido).

«Es alentador descubrir que el aumento de la reserva cognitiva puede contrarrestar la influencia negativa de la baja cognición en la infancia para las personas que podrían no haberse beneficiado de una infancia enriquecedora y ofrecer una mayor resistencia mental hasta más tarde en la vida», comenta.

En el estudio participaron 1.184 personas nacidas en 1946 en el Reino Unido. Realizaron pruebas cognitivas a los ocho años y de nuevo a los 69 años. Un índice de reserva cognitiva combinó el nivel educativo de las personas a los 26 años, su participación en actividades de ocio enriquecedoras a los 43 años y su ocupación hasta los 53 años. También se evaluó su capacidad de lectura a los 53 años como medida de aprendizaje general a lo largo de la vida, independientemente de la educación y la ocupación.

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La prueba cognitiva que realizaron los participantes a los 69 años tiene una puntuación total máxima de 100. La puntuación media de este grupo fue de 92, siendo la más baja de 53 y la más alta de 100.

Los investigadores descubrieron que una mayor capacidad cognitiva en la infancia, un mayor índice de reserva cognitiva y una mayor capacidad de lectura estaban asociados a una mayor puntuación en la prueba cognitiva a los 69 años.

También constataron que por cada unidad de aumento en las puntuaciones de la prueba de la infancia, la puntuación de la prueba cognitiva de la edad avanzada aumentaba en 0,10 puntos de media. Por cada unidad de aumento en el índice de reserva cognitiva, las puntuaciones cognitivas aumentaban en 0,07 puntos de media, y por cada unidad de aumento en la capacidad de lectura, las puntuaciones cognitivas aumentaban en 0,22 puntos de media.

Las personas con una licenciatura u otras cualificaciones de educación superior obtuvieron 1,22 puntos más de media que las que no tenían educación formal. Las personas que realizaban seis o más actividades de ocio, como clases de educación para adultos, clubes, trabajo voluntario, actividades sociales y jardinería, obtuvieron 1,53 puntos más de media que las personas que realizaban hasta cuatro actividades de ocio.

Asimismo, los que tenían un trabajo de nivel profesional o intermedio obtuvieron 1,5 puntos más de media que los que tenían ocupaciones parcialmente cualificadas o no cualificadas.

El estudio también descubrió que, en el caso de las personas con un índice de reserva cognitiva y una capacidad de lectura más elevados, sus puntuaciones en las pruebas cognitivas no disminuían tan rápidamente como las de las personas con puntuaciones más bajas, independientemente de las puntuaciones obtenidas en las pruebas a los ocho años.

La doctora Michal Schnaider Beeri, de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí de Nueva York, que escribió un editorial que acompañaba al estudio, apunta que «desde una perspectiva de salud pública y de la sociedad, puede haber amplios beneficios a largo plazo en la inversión en educación superior, en la ampliación de las oportunidades de actividades de ocio y en la provisión de actividades cognitivas desafiantes para las personas, especialmente las que trabajan en ocupaciones menos cualificadas».

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