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«La fuente de la motivación» por Alejandro Rubio, CEO de Logalia

En esta era, para hablar de motivación, parece imprescindible nombrar el estudio de Abraham Harold Maslow sobre la jerarquía de las necesidades humanas en su obra “Una teoría sobre la motivación humana” en la que define cinco jerarquías de necesidades y argumenta que según se van consiguiendo o superando las de niveles inferiores se pueden alcanzar las de los niveles superiores. Es cierto que Maslow admite que una persona que tenga problemas de recursos económicos no por eso va a carecer de una necesidad situada en una escala superior.

También podemos asentir en que cualquier persona que consiga superar el nivel de autorrealización es alguien conpersonalidad y virtudes. Pero aún así resulta una teoría materialista en el sentido de quebasa los pilares de la persona en las necesidades físicas y cuando estas se consiguen la persona está capacitada para conseguir las que el llama “necesidades de ser”. Aunque Maslow fuese considerado “para su época” un humanista, describe a un hombre que con hambre (nivel inferior) y un bocadillo en liza se olvida del amor humano (nivel superior) y pienso que entonces lo hace capaz de cualquier cosa. O que sólo se puede cimentar una personalidad auténtica en circunstancias favorables de “bienestar”.

Debemos reconocerle que revolucionó su época y que la aplicación de su teoría en la gestión de las personas en la empresa ha sido prolífera. Sin embargo, e independientemente de que algunos autores estudiosos de la teoría de Maslow concluyen que no se da empíricamente tal jerarquía, y menos en ese orden, lo que considero más importante es que poco tienen que ver todos los aspectos fisiológicos y de bienestar que marca cómo básicos, con la correcta motivación y mucho menos con la felicidad.

Soy del pensamiento de que la felicidad procede del interior de la persona y como explica Stephen Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” el crecimiento de la persona debe ser de adentro hacia afuera y no de fuera hacia adentro como indica Maslow. Con esto quiero decir que aunque la felicidad se suela asociar al estado de ánimo, en realidad poco tiene que ver con este, puesto que el estado de ánimo puede depender de nuestra salud, de un golpe de suerte favorable o adverso, del estado de nuestra mente o de las circunstancias que nos rodean y sin embargo somos testigos de que muchas personas son muy felices a pesar de vivir en las mayores adversidades. Como decía Viktor Frankl “La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida”. Ahora podemos preguntarnos ¿Qué puede haber en nuestro interior que sea tan excelso como para darnos la tan ansiada felicidad? Y veremos que sólo hay una cosa tan grandiosa y que nos hace diferentes del resto de las criaturas: – El amor -.

Hace poco un amigo me decía “lo más importante es la salud, porque sin salud todo son penas” y yo pensaba – si no tengo amor para que quiero la salud, mejor estaría muerto –. El amor lo cambia todo, te hace ver con otros ojos el mundo y sus circunstancias, sacando cosas positivas donde sin amor se ven dificultades, calamidades y desgracias. Encontrando en el otro un hermano, otro yo, y así sacar lo mejor de cada uno. El amor te hace estar atento a las necesidades de los que te rodean, mejorando el ambiente, haciendo sentirse bien a los que están alrededor. Como el amor no tiene medida siempre te pide dar un poquito más y más cada día hasta vaciarte. El amor te hace buscar siempre el bien del otro o de los otros – que es el bien común -. El amor es lo que distingue al hombre y le hace ser lo que es. Y sin el amor el hombre acaba siendo una pobre caricatura capaz de lo peor, siendo una criatura elegida para lo mejor.

Qué bueno que ya tenemos la clave de la motivación y la felicidad pero algún simpático dirá…  – y donde compro un kilito de amor -. Pues esta es la pega que, el amor se planta en el corazón con voluntad, se riega con entrega y va creciendo muy poco a poco con pequeños actos de generosidad y mucho, mucho esfuerzo. Quitando las malas hierbas del orgullo y la soberbia. Vaciándolo de la tierra del yo. Y abonándolo con prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Al final queda un corazón que disfruta con lo bello y bueno – que sabe  encontrar-, y aborrece lo malo. Y entonces sí podemos decir que la persona ha alcanzado el nivel máximo de realización y por tanto no sólo está motivada porque es feliz sino que también es capaz de motivar. Capaz de cambiar el ambiente hacia el optimismo, de ser impermeable a las modas, independiente, innovador y original, con humor sano, que disfruta plena e intensamente de cada circunstancia, inconformista y al fin genuino.

Alejandro Rubio, CEO de LOGALIA

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